viernes, 7 de febrero de 2014

19 días y 500 noches

Dice una canción que cuando terminé la relación con mi pareja tardé en olvidarla 19 días y 500 noches. Con las startups pasa algo parecido, aunque no es tan poético. En 19 días uno puede perfectamente hundir una empresa, pero después, tardamos 500 noches en entender qué es lo que ha pasado. Pero eso es así, es parte del proceso de aprendizaje, y además, son 500 noches muy bien aprovechadas.

También está el caso de los emprendedores de éxito que pierden sus empresas. Aunque es relativo eso de que se trataba de startups de éxito, porque nunca se debe de hablar de éxito hasta que no superemos el quinto año de vida. En estos caso es normal que el emprendedor se sumerja en una especie de depresión post-parto de la que es defícil salir. Es un periodo de reflexión donde nos replanteamos nuestra carrera, y que en la mayoría de los casos, conduce a la creación de otra startups, eso sí, siendo mucho más maduros que antes, y con mayores probabilidades de éxito. Sin embargo, si asumimos que el fracaso es parte del aprendizaje, y que de fracasos está sembrado el camino del éxito, este periodo de depresión “post parto” es mucho más breve. Cuando hundes una empresa sólo hay una pregunta que hacerse, ¿quiero seguir siendo emprendedor? ¿me merece la pena? Y si es así, pues a montar la siguiente, y a seguir aprendiendo.

jueves, 6 de febrero de 2014

Nunca te quedes con una mano detrás y otra delante

Siempre que hundas una empresa asegúrate de que te queda suficiente capital para empezar la siguiente. No hay mayor error que hundir una empresa y que te quedes con una mano detrás y otra delante. Hay que aprender a distinguir el momento en que lo mejor es liquidar un negocio y empezar un nuevo con lo que nos quede. Pero claro, para ello nos tiene que quedar algo.

Intentar mantener un negocio insostenible a toda costa es una temeridad. Seguir adelante con la esperanza de que los tiempos cambien en general no es una buena estrategia. Seguir adelante porque no das pena despedir a los trabajadores es peor todavía, porque al final acabaremos quebrando, sin poder asumir las correspondientes indemnizaciones, y entonces sí que quedaremos mal con todo el mundo.

Síntomas claros de que quizás ha llegado el momento de cerrar son cuando no tenemos dinero para pagar las nóminas, o cuando tenemos que pedir prestado en un sitio para poder pagar en otro. Da igual lo que nos deban, los suculentos contratos que vamos a firmar, o los buenos tiempos que se avecinan. El momento de cerrar posiblemente ha llegado.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Las entidades financieras sí que pueden limitar los riesgos

En una entrada anterior vimos que el 80% de la startups cierran antes del primer año de vida, y que por tanto, los emprendedores no deben utilizar nunca como garantía su casa para poner en marcha una empresa, porque la perderán, por mucho que nos digan los cancerígenos eslóganes de que "tenemos que arriesgar".

El riesgo se puede controlar, claro que sí, con la diversificación, y eso es precisamente lo que hacen los bancos, los fondos de capital riesgo, las sociedades de garantía recíproca, y demás. Es muy fácil. Si sabes que un 80% de las startups TIC muere el primer año, sólo tienes que financiar muchas de ellas, e intentar compensar las pérdidas de las que han caído con los beneficios que proporcionan las que han sobrevivido. Es pura estadística. Pero nosotros, emprendedores individuales, no podemos hacer eso. No podemos crear diez empresas, avaladas con nuestra casa, con la esperanza de que alguna de ellas funcione bien. No estamos en esa liga. Tan sólo podemos crear una empresa detrás de otra, hundirlas, y aprender de nuestros fracasos. Por eso, no podemos poner todos los huevos en la misma cesta.

Además, ¿qué clase de sociedad de garantía recíproca es aquella que te pide que pongas tu casa como garantía? Es sorprendente que entidades como AvalMadrid exijan más requisitos que los bancos para concederte un préstamo. Háganse un favor a sí mismos, y cámbienle el nombre.

martes, 4 de febrero de 2014

No seas temerario

En la entrada anterior de este blog vimos que en el área del emprendimiento aplica la máxima de "a la tercera va la vencida". A raíz de lo anterior tenemos que aprender una cosa muy importante: jamás pongas tu casa, o cualquier bien que poseas, como garantía de un nuevo negocio que quieres emprender. Simplemente, porque la vas a perder. Si es tu primer negocio, perderás tu casa; si es tu segundo negocio, también; y si es el tercer negocio que montas, probablemente también.

Actualmente existe mucha presión por parte de los bancos, y de las administraciones públicas, para que el emprendedor se arriesgue. Nos bombardean continuamente con mensajes del tipo “hay que arriesgar”, "si no crees tú en tu proyecto, quién va a creer en él", y otras sandeces por el estilo. Pero nosotros somos emprendedores, maestros en la gestión del riesgo, no unos temerarios. Y sobre todo, somos inteligentes, y sabemos leer las estadísticas. Y las estadísticas nos dicen que el 80% de las start-ups en TIC no sobreviven al primer año. Lo que significa que tenemos un 80% de probabilidades de perder nuestra casa. Un riesgo que nunca, nuca, debemos asumir.

lunes, 3 de febrero de 2014

A la tercera va la vencida

Todos conocemos el viejo refrán que dice que “a la tercera va la vencida”. Este refrán no puede ser más cierto en el mundo de los emprendedores y las startups. A saber, que lo normal es que tengamos que crear, y hundir, dos empresas ante de crear una tercera con ciertas posibilidades de éxito. El emprendedor que monta su primera empresa y tiene un éxito arrollador no existe, y si alguien me viene con la historia de un emprendedor que sí que lo ha conseguido, le soltaré otro viejo dicho, aquel de que se trata de “la excepción que confirma la regla”.

El 80% de las startups TIC mueren durante el primer año, y muy pocas sobreviven más allá de los cinco años. Ésta es la realidad que nos muestran las estadísticas. ¿Y cómo encaja esta estadística tan demoledora con lo de a la tercera va la vencida? Si es verdad que a la tercera va la vencida, las estadístics deberían ser mucho más favorables. ¿Cual es el problema? Pues que la gran mayoría de la gente sólo monta una empresa, y cuando la hunden, abandona la idea de ser emprendedor. Y ése, es su error. Emprender implica equivocarse, es parte del proceso de aprendizaje, y si con el primer fracaso nos retiramos, nunca nos graduaremos en emprendimiento.

domingo, 2 de febrero de 2014

Habla de tu idea

Este es uno de los principales errores que cometen los emprendedores, no querer hablar de su idea de proyecto. El motivo es que, se trata de una idea tan buena, que tenemos miedo que alguien nos la robe y se nos coma el suculento pastel. Mal, muy mal. Tenemos que hablar de nuestra idea con todo el mundo, cuanta más gente mejor, y recabar sus opiniones. La opinión que nos de la gente puede ser muy valiosa. Primero porque nos dará una primera aproximación de cómo va a ser recibido nuestro producto en el mercado. Segundo porque nos harán preguntas, preguntas que a nosotros seguramente ni se nos habían ocurrido. Y tercero, porque la gente suele responder a una idea con más ideas sobre cómo mejorarla. Es mucho lo que podemos ganar contándole a los demás nuestro proyecto. 

Y qué podemos perder, ¿que nos roben la idea? Vamos a ver si dejamos una cosa clara: tú no eres nadie, y tu idea vale un pimiento. Esa idea tan buena que se te acaba de ocurrir, ya se le ha ocurrido a centenares de personas antes que a ti. Gente mucho más inteligente que tú, con mucha más preparación, y con muchos más recursos económicos, y que posiblemente la descartaron porque era un churro de idea con la que no se iba a ningún lado. ¿Qué te has creído? ¿Qué eres el centro del mundo? Todos los días a la gente se le ocurre miles de ideas, mucho mejores que la tuya. ¿Te crees que tienes algo por tener una idea? Pues no, no tienes nada, absolutamente nada. Cuando tengas un prototipo de producto o servicio, quizás podrás decir que tienes alguna cosa. Pero por ahora tienes lo mismo que todo el mundo, un montón de buenas ideas.

Además, el que tu idea funcione o no depende casi exclusivamente de la implentación que seas capaz de hacer de ella. Y creeme, el primer paso de una buena implementación es contrastar esa idea "tan original" con otras personas.

sábado, 1 de febrero de 2014

La soledad del emprendedor

Ser emprendedor es sufrir en solitario. Uno puede estar rodeado de montones de personas durante las horas de trabajo, y sin embargo, sentirse muy splo. Podemos tener contratados a varios trabajadores, muy eficientes y responsables, pero mientras ellos están totalmente ajenos a los problemas hablando de lo divertida que fue la última película de cine que vieron, tú estarás frente a la pantalla del ordenador, revisando una y otra vez las previsiones de ingresos y gastos, mientras te tiras de los pelos. Puedes incluso tener socios que te acompañen en tu aventura empresarial, socios que comparten los riesgos contigo, muy buena gente pero también ajenos, que van a lo suyo, y mientras tú, dándole vueltas a coco.

En toda startup siempre hay uno de los emprendedores, tú, que se echa la responsabilidad sobre sus hombros, y que sufre, en solitario, la caida de la empresa.