Cuando hundas tu primera empresa, porque la vas a hundir, te encontrarás con dos tipos de personas, por un lado están los que te dirán “eso ya lo sabía yo”, y por otro lado, los que directamente te dirán “te lo dije”.
El primer grupo de personas, los de “eso ya lo sabía yo”, se caracterizan por su extraordinaria habilidad para “predecir” el pasado, sólo superada por su nula capacidad para predecir el futuro. No, no lo sabían, y en el improbable caso de que lo supieran, de nada nos sirve que nos lo digan ahora, cuando la empresa ya está en bancarrota.
Y por otro lado, están los del “te lo dije”, un grupo todavía más sorprendente que el anterior, porque juraríamos que, o bien no nos dijeron nada, o bien que lo que nos dijeron fue justo lo contrario. En realidad lo que nos dijeron fue que teníamos que deshacernos de ese cliente que nos aportaba el 80% de los ingresos, porque nos estaba distrayendo del objetivo principal de la empresa; cuando abandonar dicho cliente ha sido el motivo fundamental por el cual has tenido que cerrar. También nos dijeron que teníamos que pedir un préstamo, porque había que arriesgar; préstamo que al día de hoy no sabes cómo vas a devolver. Y también nos dijeron que nos teníamos que centrar en esa nueva tecnología que acababa de salir, porque era el futuro; tecnología que, por cierto, dos años después ya no utiliza nadie.
Aquí el único que te lo ha dicho, y que ha acertado de pleno con el futuro, soy yo, que dije que ibas a hundir tu primera empresa, y así ha pasado (o va a pasar).
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