Los empresarios son los malos de la película. Eso es algo que todos sabemos. Nos lo repiten constantemente en los medios de comunicación, hay montones de chistes sobre lo malvados que son los empresarios, y la gente no hace nada más que quejarse de sus jefes empresarios. Los empresarios explotan a sus trabajadores, les pagan cuatro duros mientras ellos se dedican a darse la vida padre en sus yates carísimos. Los empresarios engañan a los clientes, les dan unos productos de mala calidad a unos precios desorbitados. Y los empresarios no apuestan por la educación y la I+D, porque nos quieren a todos borreguitos. Y dado este panorama, ¿por qué va a haber alguien que quiera ser empresario? Es verdad que la imagen del emprendedor es algo mejor, pero al fin y al cabo, el objetivo de todo emprendedor es ser algún día empresario, es decir, tener una empresa.
En este país, la gente idolatra a los jugadores de fútbol, a los cantantes, y (inexplicablemente) a los contertulianos de la televisión basura. Pero, ¿a los empresarios? ¿Quién en este país quiere ser como Emilio Botín, o como Antonio Brufau? Nadie, porque socialmente está muy mal visto ser empresario.
Pues eso es lo que te espera. Si eres capaz de crear tu propio puesto de trabajo serás visto como un tonto, porque recordemos, en España, los autónomos están considerados como tontos. Y si eres capaz de crear varios puestos de trabajo para otras personas, pasaras al siguiente nivel, a ser empresario, y por tanto, serás malo, muy malo. Crear tu propio puesto de trabajo debería ser visto como una hazaña, y crear un puesto de trabajo para otra persona como una heroicidad. Pero no es así. Así que tenlo en cuenta, reconocimiento social, ninguno, olvídate. Que te miren mal, eso es lo que vas a conseguir.
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