Ese es otro error muy común de los emprendedores noveles: contar con que vamos a recibir una ayuda pública para justificar la viabilidad de un negocio. A veces lo que se plantea es que esa inversión necesaria para poner en marcha el negocio será asumida por la administración a través de una subvención, o de un préstamo en condiciones favorables. Otras veces es incluso peor, porque lo que intentamos es compensar las pérdidas de un negocio que no es viable con subvenciones y bonificaciones.
Pero hay que tener en cuenta que las ayudas son eso, ayudas. Es decir, los negocios deben ser viables por sí mismos, sin necesidad de recurrir a ningún tipo de subvención. El emprendedor debe tener la financiación necesaria para poder en marcha su negocio sin contar con la ayuda. Y si después nos llega, nos dará un balón de oxigeno que nos permitirá respirar un poco mas tranquilos.
El problema de las ayudas es que puede que no lleguen nunca. Puede ser que nos llevemos una sorpresa y que no cumplamos todos los requisitos necesarios, tal y como habíamos pensado. O puede que nos pidan algún tipo de aval que no podamos conseguir. Son muchas las razones por las que esa ayuda con la que contábamos acabe no llegando. Además también está el problema del tiempo. Las ayudas tardan en llegar, a veces mucho más de lo que imaginamos. Y lo normal es que tengamos que realizar el gasto antes incluso de recibir la ayuda, y por tanto, tenemos que tener el dinero.
Una empresa nunca debe condicionar su viabilidad a la recepción de una ayuda.








