El flujo de caja, el
fondo de maniobra, la tesorería, o como queramos llamarlo, el caso
es que si nos quedamos sin dinero en el banco, se acabó, hay que
cerrar. Y vuelvo a insistir, da igual lo que nos deban, da igual los
contratos que estemos pendientes de firmar, da igual lo buenos que
van a ser los meses venideros. Se nos ha acabado el dinero, hay que
cerrar. Y punto.
Por tanto hay que mirar
constantemente el dinero que nos queda en el banco. Y siempre tenemos
que tener una reserva importante de liquidez, para imprevistos.
¿Estas al corriente de pagos con Hacienda? ¿Seguro? Mira que te
chapan la empresa como no pagues. ¿El cliente te ha dicho que te
pagará el mes que viene? ¿Seguro? Que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. ¿Cuentas con cobrar ese pagaré
que te han firmado? Ya sabes, esos papelitos que dicen que “pagaré ... si es que puedo pagar”. Y así muchas otras. Ten siempre liquidez
en el banco. Es preferible ir un poquito más despacio, y desahogado,
que hacer equilibrios sobre esa delgada línea que separa los números
negros de los rojos. No te apuntes una venta hasta que no tengas el
dinero en el banco. Lo demás, apuntártela cuando facturas, o peor,
cuando te hacen el pedido, son quimeras. ¡Ah! Y recuerda que el IVA
cobrado no es dinero tuyo, por mucho que esté en tu cuenta
corriente.

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