En España empieza a haber una creciente corriente emprenderora. Cada vez son más las personas que optan por crearse su propio futuro mediante el emprendimiento. Aunque la cruda realidad es que este interés en la creación de empresas esta forzado por la situación económica: el emprendimiento español no es por autorealización, es por desesperación.
Pero lo más importante es qué tipo de negocios monta la gente, ¿biotecnología? ¿servicios innovadores en Internet? ¿biocombustibles? Pues no, lo que se abre en España son ... bares y peluquerías. Y no se trata de una cuestión de formación, o de capacidad intelectual. Recordemos que en España tenemos unos jóvenes sobradamente preparados en nuevas tecnologías. El problema es ... el riesgo.
Crear una stratup de base tecnológica es muy arriesgado. Muy pocas sobreviven al primer año, y casi ninguna lo hace a los cinco años; y además, se requiere de una inversión muy grande. Montar un laboratorio de biotecnología no es precisamente barato, o hacer una plataforma de servicios en Internet tampoco. Luego tenemos una equación mortal: alta inversión inicial + alto riesgo de fracaso + empredendedores abandonados a su suerte.
Montar un bar requiere de una inversión mucho menor, y las probabilidades de éxito son mayores. ¡Que sí! ¡Que sí! Que el ratio de Rodillas que cierran después de un año es mucho menor que el de startups. Y dado este panorama, ¿quién va a querer montar una startup? Pues eso, seguimos con los bares o peluquerías.
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