La idea que hay detrás de las franquicias, en un principio, no parece mala del todo. Se supone que la franquicia te aporta un concepto de negocio que está funcionando en muchos otros lugares, un modelo que está ampliamente constrastado que funciona. Además, te dan todo lo necesario para poner en marcha el negocio, te ayudan con los trámites legales, y te acompañan en el día a día. Claro, todo esto, previo abono de una cantidad de dinero. Quizás la mayor desventaja de la franquicia sea que el emprendedor no tiene libertad para hacer las cosas a su manera, todo está ya decidido.
Sin embargo, últimamente estamos observando demasiadas franquicias que salen mal.¿Por qué de repente vemos aparecer tres negocios de depilación en la misma calle? Que, además, cuando cierran, porque no hay tantos pelos que depilar, son sustituidos por tres negocios de venta de cigarrillos electrónicos. ¿Qué clase de estudio de mercado hicieron para meter la pata de esa manera?
El problema surge cuando el negocio es la franquicia en sí misma, es decir los ingresos por la venta del concepto, y no la venta de un determinado producto o servicio. Por eso mucho ojo con las franqucias. Hay que asegurarse de que se trate de un modelo de negocio consolidado y que funciona bien. Que no tratan de vendernos la moto con la franquicia de moda.
¡Ah! Y si un local ha cambiado de negocio varias veces en el último año, también nos tenemos que plantear la posibilidad de que el problema quizás sea del local, que por alguna razón no gusta a los clientes, y no de los negocios que allí se abrieron.

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